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Carta de una cucaracha

Yo, Nit, me presento hoy ante los homo sapiens en nombre de las cucarachas. No pretendo traerles un manifiesto como tal, simplemente hay mucho que las cucarachas hemos evitado decirles por respeto a nuestra especie.  Y esto no nace de algún resentimiento guardado por años o de alguna necesidad inerte de hacer correcciones sociales, somos las cucarachas y queremos expresarnos.   Primero, habría un par de características que aclarar sobre nosotros, verán, cuando entran en la habitación y encienden la luz no nos alejamos porque les temamos; sencillamente nos parecen repugnantes, son tan desagradables a la vista, tienen el esqueleto por dentro y andan cubiertos con esa antinatural "ropa".  Nos parecen tan aberrantes que no nos explicamos porqué la naturaleza daría lugar a algo tan desagradable, quizás sea por esto que la mayoría de nosotros no siente la necesidad de un dios.  Aun así, tienen el descaro de actuar con un ridículo rechazo ante nuestra presen...

Horror Vacui

Dedico el siguiente escrito a mi hermano, un joven fabuloso con un ingenio sorprendente.  Querido hermano, Debes saber que soy un sujeto que vive lleno de temores. Tal vez se trate de mi edad o quizás temer un poco sea una de las formas más sensatas de percibir el mundo una vez que te pones los lentes de la realidad. Verás, le temo a morir porque le temo al olvido, le temo al mal éxito, le temo a los estancamientos; le temo también a las arañas, a las alturas y a las profundidades y definitivamente los hombres estatua me provocan escalofríos, sin embargo, una de las cosas que me preocupan verdaderamente en estos días es el vacío, ese inmenso y creciente vacío. Los críticos del arte conocen a la acción de saturar a una obra con toda clase de dibujo, patrón o cualquier otra representación como "Horror vacui", el temor al vacío.  He notado que este miedo llega a nosotros sin esfuerzo como un  virus pernicioso esparciéndose por agua, tierra y aire,  lo ...

Dispersos

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La habitación está azul como el humo de mi último cigarro.  El dolor hace que me mueva igual que una tortuga.  Sheena está aquí.  Dentro de esta habitación mugrosa, conmigo esperando el fin.  No hay nada más que podamos hacer, tomo el arma, me acuesto sobre mis adoloridas costillas y exhalo con desdén sin apartar los ojos de la puerta.  Ella se acuesta justo detrás de mí.  Le digo que debe huir cuánto antes, le gruño preguntándole por qué no lo hizo cuando tuvo la oportunidad.  Está quieta, tan sólo me sostiene pasando su brazo por debajo del mío agarrando mis hombros.   Escucho los pasos acercándose. Tiemblo un poco.  La oigo: “Contigo hasta el final” Un golpe seco rompe el seguro de la puerta y una bala está a punto de atravesar un esternón cuando mi mente empieza a ponerse en blanco.  Mis brazos parecen desprenderse, mi espalda quema, se parte.  Una luz empieza a cegarme, se vuelve cada vez más fuerte y lo único q...

Genialidad y donde no encontrarla

¡Pum! Ya lo leyó y usted automáticamente ha sido agredido, burlado, ultrajado, definido de acuerdo a su valentía o preferencia sexual de la manera más ofensiva.  Usted ya no puede hacer nada, no tiene a quién reclamarle, no puede remediar nada, ya está.  Sin duda le ha sucedido, se topó con una grosera pared y ya ni modo, pero, ¿Por qué de la nada vengo, lo ofendo y empiezo a señalar lo evidente? ¿Cuál es mi intención, mi motivación? ¿Acaso he dejado de ser agradecido con usted que tan amablemente decide leer mi contenido? Pues no.  Por el contrario, yo vengo aquí a compartirle algo interesante sobre lo que veo en ésta infame y singular frase. Entonces ¿Qué es lo que le veo a este breve y efectivo insulto? Se lo diré: ¡Genialidad! Genialidad a lo grande.  Ninguno de nosotros tuvo oportunidad, nos pusieron en jaque sin siquiera haber movido una sola pieza, y es que no las tenemos.  Nos toma desarmados y nos enfrenta a la cara, no nos da una sola pista de...

Historia(s) I

Ella estaba a punto de llegar a la estación.  No parecían existir muchos problemas, a pesar de ser un invierno extraño.  Contemplaba la ciudad una vez más después de tanto tiempo, las cosas se veían igual pero se sentían distintas.  El bus se detuvo, había llegado.  Tomó sus maletas y ese pequeño bolso que llevaba consigo siempre. Tocó tierra pisando e inhalando fuerte. Él arreglaba su cosas, ordenó unos cuantos libros que había revisado durante la mañana con nostalgia.  El cielo lucía como el whiskey que descansaba sobre su mesa.  Tomó asiento, ese viejo sillón que lo había acompañado todos estos años.  Silvia, la joven que lo ayudaba le preguntó si necesitaba algo, negó con la mano y pidió privacidad.  Ella estaba emocionada.  Una sonrisa se escapaba al observar las aves, aquellas que ya parecían manchas debido a la distancia.  Finalmente notó los viejos pinos, permanecían más estáticos de lo que lucían en su mente.  Entr...